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Amnistía solicitada a la Asamblea Constituyente

Justicia

Diario Hoy – Enero 17 de 2008
Por Carlos Jijón

Me he reído con las afirmaciones de Santiago Roldós, en la última edición de Vistazo, de que la “partidocracia” es un invento de los gurúes de la prensa “mediocre y corrupta” de la que nació el fenómeno Correa, y que fueron los medios de comunicación los que en gran medida lo ayudaron a triunfar en sus primeras elecciones. Me he reído porque creo que lo que dice es verdad, y porque no deja de ser una ironía que los principales auspiciantes de esa asamblea (que iba a ejecutar la gran reforma política, cuya idea fuerza sirvió en gran medida de catapulta para Alianza País), hoy día sean vilipendiados casi a diario. El presidente señaló en su Informe a la Nación , que la Asamblea Constituyente era el principal logro, o uno de los más importantes éxitos, de su primer año de gobierno. Pero como la mera instalación de los asambleístas no me parece un objetivo en si mismo, puesto que aún no conocemos cuáles realmente son las reformas que van a dictar, voy a permitirme discrepar. Yo creo que el principal logro es el derrumbe de ese sistema de dominación política que, sin ganar las elecciones, tenía sojuzgado al país a través del control de la justicia. El derrocamiento de esa dictadura perfecta que perseguía a sus enemigos políticos, protegía a sus socios y hacía negocios con los demás. Quiero reconocerlo en voz alta, pese a que no soy partidario del socialismo del siglo XXI, ni quiero serlo, porque es importante marcar distancias con un sistema contra el que lucho, sin poder político, desde las mismas páginas y pantallas en que lo siguen haciendo, gran parte de esa prensa “mediocre y corrupta” a la que hoy se refiere Correa.

Y es necesario marcar distancias, también para denunciar ese falso dilema de que quien no está con Correa representa al pasado, o no ha entendido el presente histórico. No, señor. Lo que no queremos es dejarnos engatusar por unos políticos que, a pretexto de futuro, parecen querer repetir el pasado.

Pero no es esto lo que quería decir. Ya otros se encargarán de señalar los fracasos. Yo solo quiero resaltar lo que me parece es el principal éxito: la demolición de la dictadura perfecta.

Por eso encontré tan coherente que Rafael Correa termine su primer informe pidiendo la amnistía para los principales perseguidos políticos de esa dictadura que terminó. Es cierto que quizás se haya colado por ahí alguna que otra figura que no lo merecía. Pero lo de fondo es ese inmenso acto de justicia que Rafael Correa pidió para Gustavo Noboa Bejarano, Luis Villacís Guillén, Alejandra Cantos, Pedro Votruba y Carlos Arboleda. Que una vez que el sistema fuera demolido, sus principales víctimas sean reivindicadas es un acto de justicia y coherencia que aún quienes no simpatizamos con el régimen tenemos la obligación de reconocer y felicitar. Y, por qué no, también agradecer.

 

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