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Amnistía solicitada a la Asamblea Constituyente

Amnistía

‘Alguien, probablemente sintiéndose obligado a hacerlo, había calumniado a Josef K, pues fue detenido una mañana sin que hubiera hecho ninguna mala acción'. Así comienza la gran novela Kafka el proceso. Esta historia que voy a contar es la de un amigo, que vivió algo parecido a lo de El proceso.

Muchos ciudadanos, como los ex gerentes de la AGD o como Gustavo Noboa y otros ciudadanos honestos, alguna mañana se han encontrado atrapados, como Josef K, en el laberinto sin salida de algún proceso.

La historia comienza cuando mi amigo curvo hacia la izquierda en una avenida. Miro la flecha verde y al momento de arrancar sintió el impacto de una motocicleta, que venia disparada. Lo que vuelve novelesca y casi trágica esta historia es que el conductor de la motocicleta era un individuo corpulento que era nada menos que un juez que tenia la extraña afición por la velocidad y las motocicletas.

Mi amigo no había leído el libro de Kafka, era una especie de Josef K. que creía ingenuamente que el asunto de la Justicia tenia que ver de alguna manera, también entre nosotros, con la verdad.

Ustedes pueden imaginar el final, cuando el asunto cayó en manos de la justicia, y lo que nos toco vivir a los amigos y a la familia. Cada línea de El proceso, de Kafka, me ha hecho volver a sentir lo que vivimos en esos días. Cada lectura me recuerda la tarde en que pescamos a la Policía , suponemos que por pura coincidencia, desarmando el semáforo de esa esquina fatal, los rostros de los jueces, las mascaras de los funcionarios, pero también al humilde taxista, uno de esos héroes anónimos que vio el accidente y que por esa honestidad que todavía hace derramar lagrimas de gratitud se ofreció a testificar rechazando amenazas y dinero.

Josef K, como mi amigo y como miles de inocentes, apenas ve los hilos que cada vez se enredan mas, las redes que atrapan, las arenas movedizas que devoran, como si todo fuera cuestión del destino implacable y no del poder, que al mismo tiempo que devora es el gran constructor y dueño de los hilos de la legalidad y de la arena.

¿Cómo osaron tocarlos, a nombre de quien se atrevieron a cobrarles el dinero de todos con el que construyeron su poder en ese circulo infernal y distinguido, que les hace agradecer “porque no son como los demás hombres”? Jamás les perdonaran que sus nombres aparecieron en las paredes, como esos afiches de las viejas películas del Oeste: “Se busca”. Por supuesto que hay jueces honestos y otros que, como todo ser humano, también se equivocan, pero que es necesario, pensar en los miles y miles de Josef K. que cualquier mañana pueden ser detenidos sin que hubieran hecho “una mala acción”.

Solo un acto político, la amnistía y el indulto propuesto por el presidente de la Republica para el imperio de la paz y la justicia, es el único capaz de disolver los dictados que el poder ha hecho a la justicia.

Claro que el poder de aquellos cuyos nombres aparecieron en las paredes y que no pagaron sus deudas trabajara a la confusión, sobre todo entre amnistía e indulto, para que sean sus fechorías, las que caigan en el olvido.

 

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