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Amnistía solicitada a la Asamblea Constituyente

¿Fin de una vendetta?

 

Por Diego Araujo Sánchez

Gustavo Noboa hizo una revelación que da una deplorable, pero exacta imagen de la justicia ecuatoriana: en alguna reunión social en la cual coincidió con Jaime Velasco, cuando este era aún presidente de la Corte Suprema de Justicia, al despedirse del magistrado el ex presidente de la República aludió a su inocencia; en 2006 Velasco había levantado la orden de prisión en contra de Noboa por el juicio que tres años antes promovió como vendetta política el ex presidente Febres Cordero y, a la par, en esa ocasión el magistrado dio luz verde para que siguiera el injusto ensañamiento contra Noboa al señalarlo como encubridor en el supuesto delito de peculado por el cual acusó como autor a Jorge Gallardo y como cómplices a dos de los integrantes de la Comisión Renegociadora de la Deuda Externa. Noboa dio paso como presidente a la emisión de bonos Global hasta por $5 750 millones para ser canjeados por los bonos Brady y Eurobonos en la renegociación de la deuda; Gallardo autorizó que $59, 9 millones de un segmento sobrante de esos bonos apuntalaran la liquidez del Filanbanco y el Banco del Pacífico, que habían pasado ya a manos del Estado.

Velasco le contestó a Noboa que no dudaba de que fuera inocente, pero que sus abogados le habían defendido mal. ¿Cómo un juez, si tiene convicción de la inocencia de una persona, puede sacrificar la justicia por una razón de esa índole? Sin embargo, aquello que luce tan escandaloso es el pan de cada día en juzgados y tribunales, más aún cuando la justicia sufre una descarada politización; el juicio contra Noboa y sus colaboradores es un caso paradigmático de aquel terrible mal: estuvo inspirado en una venganza política de Febres Cordero. El ex mandatario habló de un perjuicio al Estado de $9 000 millones, que jamás probó; sin embargo, esa rueda de molino fue acogida con una celeridad sospechosa por la fiscal Mariana Yépez, quien emitió, en pocos días, las instrucciones fiscales contra Noboa y los demás acusados. Noboa salió en exilio a República Dominicana. Febres Cordero se calificó a sí mismo como un pero con hambre que cuando agarra a sus presas no las suelta.

La negociación respondió a las condiciones de mercado de la época. Pero el acusar de peculado por esa operación no tiene pies ni cabeza. ¿Qué beneficio personal o qué tajada de los fondos públicos podía ir a manos de los funcionarios procesados por aquella operación? Y la trayectoria del Banco del Pacífico en manos del Estado evidencia que fue acertada la inyección de recursos. El Estado no solo no se perjudicó en un céntimo, sino posibilitó que un banco que le pertenece saliera adelante.

Otro segmento de los bonos Global se utilizó para adquirir el edificio de la actual Corte Suprema, con la aprobación de los 31 jueces de entonces, algunos de los cuales son los mismos que han acusado a Noboa de encubridor y a los otros colaboradores del ex mandatario de autores o cómplices de peculado… Está en manos de la Asamblea Constituyente la posibilidad de poner fin a esta escandalosa vendetta política.

 

 

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