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EL UNIVERSO , Mayo 17, 2005

Gargantúas en fiesta

Hernán Pérez Loose

El insaciable hambre de la partidocracia ha comenzado a devorar todo lo que quedó luego del último golpe de Estado. Siguiendo el viejo manual de supervivencia que tienen bajo la almohada, y que tanto éxito les ha dado en la última década, lo primero que han hecho sus líderes y su ejército de comensales es mutarse en submarinos: bajar la cabeza, quedarse callados, aplaudir a los foragiles por su valentía, recibir calladamente las críticas, tragarse las promesas de que “…yo también me voy”, y, sobre todo, no hacer olas. Lo segundo que han hecho es asegurarse de no perder el control del sistema judicial, cosa que lo han logrado con mucha eficiencia.

Seguidamente, y tal como sucedió en el pasado, comenzaron a enrocar lentamente pero con firmeza a un Ejecutivo débil políticamente, pero necesario para pasar el susto. También en esto les ha ido bien. Basta escuchar la cantaleta de que la policía “solo recibe órdenes” o “no vamos a inmiscuirnos en la Función Judicial ”, para confirmar que las cosas van por buen camino. En cualquier parte del mundo la policía, o el ministro del ramo, para detener a una persona, allanar un domicilio, o impedir que viaje al exterior, exige una orden firmada de un juez competente. Pero no en el Ecuador. Aquí estos atropellos cuando se los comete contra los políticos “incorrectos” son, incluso, aplaudidos por quienes dicen defender los derechos humanos. Y proclamar que no se interferirá en la justicia es como decir que ese espacio de poder seguirá en manos de la partidocracia. ¿O acaso creen que estamos hablando del sistema judicial de Chile o Costa Rica?

Seguros de no haber perdido al sistema judicial, se han dedicado a comer de todo. Y han comenzado por casa. En el máximo ejercicio de hipocresía están “depurando” al zoológico nacional, expulsando de semejante paraíso a los diputados que, a su juicio, han violado la Constitución o sus puritanos estándares de ética política. La última novedad es que pretenden declarar nulidades a través de resoluciones parlamentarias. Pronto declararán nulas partidas de nacimiento, contratos, sentencias, etcétera. Luego vendrán el reparto equitativo de las áreas estratégicas, del Tribunal Constitucional y la reconquista de la joya de la corona, la Corte Suprema. Por ahora han logrado que no se achique el pastel (31 magistrados) para dar de comer a todos. Después vendrán más parcelas del poder, mientras  hacen el juego a los jóvenes de la “sociedad civil”.

No es la primera vez que esto pasa. Ya sucedió en 1997 luego del golpe de Estado de los psiquiatras. Nada parecía satisfacerles entonces. Devoraron hasta la camioneta que los llevó a Carondelet, pasando por el Ministerio de Defensa.
Pero ni una Asamblea Constitucional, ni las promesas de portarse bien, evitaron que el pueblo les dé una sorpresa en las urnas en la siguiente elección presidencial.
Tal fue el susto que hasta tuvieron que engullirse algunos miles de votos nada difícil para nuestros gargantúas criollos y cometer un fraude electoral en nombre de su democracia.

 

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