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El Universo 7 de agosto de 2003


Ingeniero León Febres-Cordero

Siendo el denunciante del atraco de los Bonos Globales, no puedo dejar de referirme al artículo del Dr. Eduardo Castillo Barredo, publicado en la edición del viernes 1 de agosto del 2003. No alcanzo a comprender el afán del articulista por defender a rajatabla al ex presidente Noboa e insistir en su inocencia, pese a las contundentes e incontrovertibles pruebas que he presentado, y que llevaron a la Comisión de Fiscalización a emitir dos informes de idéntico contenido, excepto en las puntualizaciones de los delitos cometidos por el Dr. Gustavo Noboa y sus ex colaboradores.

A base de una sui géneris dialéctica, el Dr. Eduardo Castillo Barredo, pretende hacer creer que no importan los delitos cometidos porque en la práctica el Gobierno de su protegido evitó el colapso de dos bancos del Estado, hizo “justicia devolviendo sus depósitos congelados a todos los que tenían cuentas menores de $ 300”, viabilizó la compra de un decente edificio para la Función Judicial que mereció “una placa de imperecedero agradecimiento”, etcétera. No, señor Director. Cuando en la función pública se obra contra derecho, lo procedente es sancionar al infractor. Por eso, el artículo 120 de la Constitución dispone que no habrá dignatario, ni autoridad exenta de responsabilidades por actos realizados en el ejercicio de sus funciones, o por sus omisiones. Así, la función pública constituye un servicio a la comunidad que exige no solo capacidad y eficiencia, sino también honestidad.

Parecería que el Dr. Eduardo Castillo quiere estimular una reiterada conducta social que ha ido demoliendo poco a poco la confianza pública y afectando los cimientos de nuestra institucionalidad. Es el compadrazgo, el amiguismo, el favoritismo o simplemente la amistad, que pretende erigirse por sobre el severo cumplimiento de las leyes, y, en este caso, tratar de justificar todas las trafasías que he denunciado, y que ahora están probándose matemáticamente.
León Febres- Cordero Ribadeneyra
Guayaquil

Después de leer los artículos del señor Francisco Febres Cordero y del Dr. Jaime Damerval publicados en la edición del domingo, he llegado a la conclusión que ciertos columnistas acostumbran a escribir con tal carga de prejuicios, que resulta imposible esperar objetividad. Se me atribuyen poderes casi omnímodos cuando al país entero le consta la dedicación, esmero y seriedad que he puesto para investigar un proceso de la importancia de la renegociación de la deuda externa ecuatoriana, de cuyos entretelones, el Congreso, la Fiscalía y hasta el Presidente de la Corte Suprema de Justicia con distinto énfasis por cierto, coinciden en que se han cometido graves irregularidades que se ventilan en varias instrucciones fiscales.

Parecería que la corrupción que he descubierto y que está a ojos vista, quiere ser protegida por un manto de impunidad, lo que constituye una verdadera aberración porque la propia prensa, con toda razón pide luchar contra los corruptos y los corruptores. Irónicamente, en la misma edición, el editorial de EL UNIVERSO demanda luchar contra la corrupción, a propósito de una denuncia pública que se ha formulado contra el actual gobierno.

Durante el penoso episodio de los bonos globales, jamás pensé, que los enconos, las simulaciones, las frustraciones, y rencores de ciertas personas, podrían llevarlos a actuar en forma obnubilada, cuando no zigzagueante. No me fue fácil enfrentar obstáculos y trabas que el gobierno anterior me puso en el camino. Al final las vencí, y convencido de lo que había ocurrido, denuncié al país el infame proceder del ex presidente Noboa y varios ex colaboradores.

En materia penal, la responsabilidad es personal, personalísima, y por más amistad, compadrazgo o simpatía que se tenga con el señor Dr. Gustavo Noboa, es imposible tratar de endosar las propias responsabilidades de estos, a otros.

Felizmente, el país entero ha empezado a conocer la verdad, y el avance del juicio penal por el atraco de los bonos globales, demostrará fehacientemente lo que estoy afirmando. He decidido poner punto final a las cartas, aclarando opiniones deliberadamente equivocadas. La justicia ecuatoriana está a prueba con esta grave denuncia.

León Febres- Cordero Ribadeneyra
Guayaquil

 

 

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