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(El Comercio) Miércoles, 28 de mayo del 2003

Señora Fiscal General

Por León Roldós Aguilera

Las investigaciones de la deuda pública deben hacerse sobre todas las épocas, incluyendo la que fui Presidente de la Junta Monetaria y luego Vicepresidente de la República entre 1979 y 1984, no solo las denuncias del Ing. Febres Cordero.

La mención que hice de 1983-1984 es porque el delito de peculado, no siempre fue imprescriptible. Bajo la anterior legislación penal, prescribía en 20 años, está por producirse. En lo que a mí respecta, con prescripción o sin prescripción respondo de mis actos, y desnudo la verdad sin inmunidad parlamentaria, (ni cuando fui legislador, la aceptaba) porque hay el riesgo de que se convierta en impunidad para calumniar.

Dos temas sí acuso.

El primero, la aplicación de la sucretización, por la cual el Estado asumió el riesgo de cambio, en beneficio de los deudores, y el riesgo de crédito, en ganancia de los acreedores, que de por sí ya era generosidad extrema, pero que además tuvo la infame práctica de falta de control en el Banco Central del Ecuador. Se sucretizaba con base en registros de créditos externos, negociados en el mercado libre, sin establecer si se habían pagado los créditos o renovado parcialmente, de modo que se multiplicaron montos "deudores" por el tráfico de registro en el Banco Central del Ecuador.

¿Era posible o no evitar esas conductas ilícitas? Sí, mediante control de la vigencia de los créditos, sobre todo en los bancos garantes o intermediarios, porque la mayoría de las deudas pasaba por entidades financieras.

El otro tema diferente, pero vinculado, es la conversión de la deuda. En el argot de la época se lo definió como el bicicleteo programado: aun cuando teóricamente el Banco Central no debía permitir sobregiros de los bancos privados, se lo admitió para que se abra un hueco y luego declarar que no había manera de cubrirlo.

La Junta Monetaria de entonces -parecida a lo que es hoy el directorio del Banco Central-, caso por caso autorizó que los sobregiros se paguen con deuda externa, en segundo beneficio para los que ya habían recibido el beneficio anterior de la sucretización, cuentas acreedoras que se negociaban con descuentos del 60 por ciento o más, esto es, se las compraba por debajo del 40 por ciento del valor nominal y aún menos. El proceso era que con los sucres del sobregiro, hueco en el Banco Central, se compraban dólares en el mercado libre, con estos dólares se compraba deuda externa, con elevado descuento, luego se la entregaban al 100% del valor nominal al Banco Central del Ecuador, de modo que quien bicicleteaba, por el descuento del valor de compra y la entrega sin descuento, ganaba cerca de dos veces de lo que había iniciado con un sobregiro. Lo más probable es que hayan participado de las utilidades terceras personas. Esto se dio en el gobierno del Ing. Febres Cordero, pero en el gobierno de Borja se hicieron algunas conversiones, sin sobregiros, para proyectos sociales.

Que se pidan las actas de la Junta Monetaria desde 1979 y los sobregiros en el Banco Central; se comprobará lo aquí expresado.

Mis libros Abuso del Poder, 1986, y Banca y Crédito, 1988, analizan lo antes indicado.

Si la señora Ministra General desea que amplíe lo expresado, estoy a la orden. Me encantaría que también se escuche al investigador de la deuda Ec. Alberto Acosta y al grupo de Jubileo 2000, que pueden dar información.

 
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