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Revista Vistazo

La venganza

La venganza es cual comida guardada que resulta más rica cuando se come fría, seguramente por eso había que esperar tres años desde que se renegoció la deuda externa para denunciarla como el más grande atraco de la historia nacional.

El móvil fundamental de la venganza lo expone el propio denunciante cuando reproduce a los cuatro vientos el día de la denuncia regia, los insultos recibidos de quien ahora ha sentado en el banquillo de los acusados.

La espectacularidad no se encuentra en el contenido sino en el suntuoso aparato donde se lo monta, con audiencia especial dispuesta por el presidente del Congreso quien está ahí sentado por graciosa concesión del denunciante y con órdenes precisas a la ministra fiscal para que en siete días tenga lista la excitativa. Por suerte para el denunciado la orden de prisión debe emitirla el presidente de la Corte Suprema, que en el caso Filanbanco demostró su independencia aunque pertenece a la misma mayoría Febresborjista que Gobierna la República desde 1995.

Según los antecedentes, en este rango de juicios el que huye está perdido aquí no es como dice la sabiduría popular que quien huye vive sino al revés. La prueba está en que los presidentes León Febres Cordero y Fabián Alarcón, que fueron procesados penalmente en 1989 y en 1998 respectivamente, se quedaron aquí para afrontar sus encausamientos y fueron absueltos. A Noboa el destino le depara igual suerte si es que, como buen pelucón, no se acoge a la costumbre de irse a Panamá o Harvard.

Respecto a la sustancia del escándalo, luego de haber escuchado a ambas partes, se pone en evidencia una apresurada y cuestionable renegociación de la deuda externa, como la que hubo en 1985 cuando el denunciante era presidente de la República, pero no aparecen por ninguna parte indicios que permitan presumir que el presidente Noboa se haya enriquecido ilegalmente.

La maldición que pesa en dos vertientes sobre el Ecuador. La primera que finalmente no paga ser un buen muchacho con el FMI, como lo fueron los presidente Febres Cordero y Noboa. Puesto que al avezado cobrador del Imperio primordialmente le importa asegurar el servicio de la deuda con la banca comercial internacional y cuando se encuentra con alguien alineado en esta onda lo exaltan como gran estadista para en el momento propicio tirarlo a la cuneta cual material descartable. En el caso actual se tomo ventajas de que el Ecuador estaba en moratoria, que había colapsado su sistema financiero, abolida su moneda y no era sujeta de crédito internacional, por tanto debía renegociar a revienta cinchas y se lo hizo sobre un descuento nómina que a la vuelta se recuperaba con golosos intereses. Pero cuando se lo hizo fue saludado como un gran logro para estabilizar la arruinada economía nacional, porque se lo consideró el precio a pagar por tanto desgobierno de los predecesores de Noboa así como para consolidar la dolarización alentada y apoyada por el ahora denunciante.

La segunda vertiente de la maldición viene desde que el ex presidente Febres Cordero fue enjuiciado penalmente por el ridículo caso Ran Gazit, donde también hubo venganza habiendo brotado una suerte de némesis histórica para que casi todos los ex presidentes terminen enjuiciados penalmente. Ahì está la galería presidencial de los procesados: Febres Cordero, Bucaram, Alarcón, Mahuad y Noboa.

¿Venganzas? ¿Justicia politizadas? ¿Politizada porque la democracia ecuatoriana no son intocables los primero magistrados? ¿O politizada porque finalmente todo quede en nada?

Eso solo Dios lo sabe, pero debemos estar seguros que cuando Transparencia Internacional percibe al Ecuador como un país corrupto, entre otras cosas, porque sus ex presidentes son enjuiciados penalmente. Por lo que todo el paisito es visto desde el extranjero como la cueva de Alí Baba.

 
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