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El Universo (13/junio/2003)

Sobre la deuda externa

Por Pablo Lucio Paredes

El tema de la deuda externa es importante para el país, más allá del absurdo litigio legal que se ha abierto entre ex presidentes de la República. Algunos puntos importantes sí deben ser considerados:

1) Hay un problema financiero pero de magnitud menor a lo que normalmente se menciona. Pagamos alrededor de 700 millones anuales en intereses y algo similar en amortizaciones, pero estas últimas se financian con nuevos aportes crediticios con lo cual el saldo de la deuda se mantiene estable. El costo efectivo para el país son los 700 millones de intereses, lo que representa el 10% del gasto público total y 14% del Presupuesto del Gobierno central. En ciertos momentos, más grave se va tornando el problema de la deuda interna que, por la estructura de plazos, implica pagos anuales casi similares a los anteriores aunque el monto global sea mucho menor. Aunque hay una serie de cruces entre Gobierno y Banco Central de deudas internas y externas que confunde. Lo óptimo sería limpiar los balances entre los dos, y dejar los saldos netos para evitar dobles contabilizaciones.

2) Probablemente más grave que el propio tema financiero es que el sistema en el que los organismos multilaterales nos prestan para pagarse a ellos mismos y a los demás (cosa que muchas personas y empresas hacen sin encontrarlo muy extraño) tiene dos implicaciones muy negativas: I) presiona hacia el aumento del gasto público porque esos préstamos no vienen directamente para el pago de amortizaciones de la deuda sino bajo la forma de programas o proyectos específicos (por lo menos deberíamos romper ese espejismo, y que nos presten directamente con el objetivo real que esos fondos tienen), II) una buena parte de nuestras políticas se tornan dependientes de las políticas sociales o económicas de los grandes organismos. Algo similar sucede con los grandes países a través del Club de París.

3) Deberíamos tender a una política de ya no recibir préstamos y a cambio de eso darle un valor real a la deuda con organismos y gobiernos, mucho menor que su valor nominal. Es evidente que para los acreedores este nuevo enfoque debería significar una reducción importante en el valor de la deuda. De esa manera toda nuestra deuda externa pública que supera los 11.000 millones de dólares, tendría un valor efectivo bastante inferior.

4) Los acreedores privados también deberían aceptar de una manera más clara que el país les puede cancelar una parte de las acreencias y solamente una parte. En un mercado financiero hay que aceptar de parte y parte que ciertas deudas no se pueden pagar o cobrar, y de ambas partes aceptar lo que eso implica.
5) Buscaríamos entonces diversos mecanismos para ir cancelando ese menor monto real: canjes por programas sociales, “cierre” de una parte de la Amazonia para convertirla en un santuario ecológico, declaratoria de ilegalidad en ciertas deudas claramente contratada con corruptelas mutuas, recompras con facilidades petroleras razonables, plazos más largos e intereses más bajos, simples decisiones de no pago en ciertos casos.

Se requiere un enfoque global.

 
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