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Quito, Viernes 20 de Junio de 2003
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El país debe resistir

Por Juan Falconí Puig

Los corruptos han enfermado a la sociedad ecuatoriana. El miedo aparece cuando los ciudadanos quedan a merced de cierta fiscal, subrogante incluido, que pretenden disponer de la libertad y el patrimonio, no por lo que dicen los Códigos, sino por lo que mandan los dueños del nombramiento. Así, ciertos jueces que han jurado administrar justicia en nombre de la República y por Autoridad de la Ley, generalmente lo hacen en nombre de los "banksters" y por disposición de la mafia, so pena de ser removidos. Esa es la deplorable y actual realidad ecuatoriana.
De la corrupción provienen los niños de la calle, que viven a la intemperie y crecen deambulando por las miserias de la vida, hasta llegar a la ignominia de una vejez sin que nadie en este país se haga cargo de su situación, por no contar con los fondos para ellos. Ahora, además, emigran porque el dinero público se lo llevaron desde 1997 en costales, y otros, después, en créditos de liquidez, vinculados, fideicomisos, obras de arte o vueltos. No hay fondos para obra social; el país vive uno de los momentos más duros y decisivos de su historia, que debe superar con grandeza, sin claudicar ante los corruptos y quienes los protegen. Este es nuestro mayor deber ante el presente y las futuras generaciones. La explotación ha llevado a algunos ecuatorianos a una verdadera degradación espiritual porque se han resignado a ser partícipes de la corruptela, no obstante que la sociedad los remunera precisamente para que la combatan, ya desde los órganos de control y los entes oficiales.
Y por estos señalamientos se pretende silenciarnos a cualquier precio y con cualquier pretexto, aún a costa de sacrificar a terceros o inmiscuirnos en hechos de los que ni siquiera hemos tenido conocimiento. Habremos perdido la tranquilidad y visto, como nunca hubiéramos imaginado, la bajeza de quienes anteponen los dólares a los principios, o escabullen su cobardía por la puerta trasera de la dignidad, todo en la soledad que significa estar acompañado de un selecto grupo de personas, pequeño frente a la masa grotesca de filibusteros que nos rodea y espía. Pero no podemos rendirnos mientras tengamos voz para hacernos oír, y palabra escrita para plantear la verdad de las cosas y de las personas, en páginas y medios libérrimos como HOY, que será, mañana y siempre, recurso moral del periodismo ecuatoriano.
No podemos perder el coraje, ni vivir humillados por la horda bárbara que saquea las arcas fiscales como si se tratase apenas de baratillos, siendo la depredación proporcionalmente mayor a la de los piratas en los albores de la colonia. Todo cambió, la lucha ya no es con mosquetes, rastrillos o escobas sino judicial, contra la mafia, sus medios, sus brazos políticos, cómplices, encubridores y testaferros. Mucha gente, poco valor. Hay que resistir.

 
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