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El Comercio Sábado, 2 de Agosto del 2003

El asilo de Noboa

Por Raúl Vallejo

No se trata de un 'cobarde', como lo ha tildado el Innombrable. Tampoco de un 'flojo' ni de alguien que tiene su merecido por contar chistes malos. Menos de un demagogo con bases populares -formadas con la limosna estatal-, que lo respalden, ni guardaespaldas que lo protejan, ni diputados que lo defiendan, ni influencia en el sistema judicial, ni inmunidad parlamentaria que lo vuelva impune. El ex presidente Gustavo Noboa es un ciudadano que durante toda su vida privada demostró ser un hombre honesto y de principios, que ahora se encuentra políticamente solo, perseguido por el poder omnímodo que impera en el país, y cuyo pedido de asilo demuestra que la juridicidad del país no es confiable.

¿Con quiénes gobernó Gustavo Noboa? Parecería que únicamente con Óscar Zuloaga y Juan Manrique. ¿Dónde están ahora sus ministros? ¿Seguirá calladito su ministro de gobierno Rodolfo Barniol, tal vez buscando desde ya congraciarse con el Innombrable? ¿Preferirá el siempre locuaz canciller Heinz Moeller, a lo mejor, no distanciarse más de su antiguo jefe antes que mostrar lealtad a Noboa y por eso su parquedad? ¿Pablo Terán, el ministro del petróleo, estará pescando truchas en Mindo para ofrecerlas, en desagravio, al poder? ¿Acaso temen comprarse una pelea que les arruine su bucólica felicidad posgubernamental, acaso creen que pasarán de agache para el Innombrable?

Ciertamente, Gustavo Noboa no es un perseguido político de este Gobierno. Está en una situación peor: es perseguido político de un poder omnímodo que influye en todas las esferas de la vida pública del país. Un poder concentrado en un solo hombre al que los pusilánimes rinden pleitesía o miden sus palabras para no provocar su iracundia. Ese poder omnímodo que tiene la fuerza para empujar al exilio a un ex presidente constituye un obstáculo para nuestra democracia y el libre ejercicio de la ciudadanía. ¡Poder omnímodo al que pocos quieren pero muchos temen!

¿Es el ex presidente Noboa inocente o culpable? En un Estado de derecho la respuesta sería: ya lo decidirá la justicia, pero en el Ecuador de hoy, ¿es posible un juicio justo contra el ex mandatario? No lo creo. La institucionalidad jurídica del país no solo está atravesada por la bandería política sino que una parte importante del sistema de justicia es obsecuente con ese poder omnímodo que se ha dado mañas para dominar los espacios judiciales clave. No es que el país quede mal porque el ex presidente Noboa denuncia este sistema criticado cada vez por más ciudadanas y ciudadanos. La institucionalidad del país está mal porque hemos permitido que ese poder omnímodo nos domine.

Antes de concluir, lectoras y lectores conocen que fui crítico del gobierno de Gustavo Noboa: crítico de su arremetida contra el movimiento indígena, de su intención de privatizar las empresas eléctricas, de su política petrolera, de sus alianzas políticas, etc. Pero una cosa es oponerse a un gobierno y otra cosa es virar la cara para otro lado -o peor aún, unirse al coro del poder omnímodo- porque el problema no es con uno. Está claro que la persecución de hoy contra el ex presidente Gustavo Noboa es la persecución de mañana contra el presidente de la Corte Suprema si no sigue los designios del poder omnímodo, o contra el propio presidente Gutiérrez cuando ya no le sea útil, o contra la gente común cuando haya necesidad del terror.

 
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