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Quito, Jueves 14 de Agosto de 2003 Diario Hoy

ANALISIS DE HOY
¿Hay que humillarlo?

La incongruencia del Gobierno de Lucio Gutiérrez, cuyo vocero anunció anteayer que en 48 horas se extenderá el salvoconducto para el ex presidente Gustavo Noboa -refugiado en la representación diplomática de la República Dominicana- para ser desmentido por el ministro Felipe Mantilla, se suma a la inconsistencia en política internacional, demostrada en seis meses de gestión.
Una muestra de esa inconsistencia fue la propuesta presidencial de mediar en la guerra interna de Colombia, que no tuvo eco en la región y, según se conoce, más bien causó discretas mofas en las Cancillerías de los países americanos.
Con la tardanza en la concesión del salvoconducto, luego de que el Gobierno de Hipólito Mejía ha cumplido con las formalidades para otorgar asilo diplomático a Gustavo Noboa, Ecuador está violentando la Convención sobre Asilo (Caracas, 1954).
Pero no solamente hay una torpeza en el procedimiento. Se vislumbra el desconocimiento de un derecho fundamental de la persona humana, reconocido por las democracias modernas, que es el de refugiarse en busca de protección de otro país (ya que los templos perdieron la inviolabilidad con el paso del tiempo). Para ello basta con que quien pide protección se sienta un perseguido. No hay otro requisito. Y es atribución del país al que se pide protección calificar si merece asilo. Si así ocurre -como en este caso- se debe otorgar salvoconducto al refugiado inmediatamente.
Las normas internacionales, en especial en materia de asilo, están por sobre las nacionales, incluso encima de órdenes de arraigo, o prisión domiciliaria, dispuestas por la Función Judicial. Ese es el sentido de la convivencia pacífica entre naciones y de la defensa de los derechos fundamentales de los ciudadanos. No obstante, el Gobierno de Gutiérrez ha hecho el ridículo al redoblar la vigilancia policial en el lugar en donde está protegido el ex presidente, llegando, incluso, a intentar rebuscar un vehículo diplomático de República Dominicana. Un ridículo que afectará más todavía la imagen internacional de Ecuador y que dará más argumentos al propio Noboa, quien asegura ser un perseguido político.
Ahora bien, hay que imaginar que los asesores jurídicos de la Presidencia de la República, o el canciller encargado, Patricio Zuquilanda, conocen perfectamente la legislación internacional. Por ello, la postura del ministro de Gobierno, Felipe Mantilla, insinuando que el régimen no tiene apuro en otorgar el salvoconducto, suena a retribución que busca satisfacer a los nuevos aliados, quienes, aparentemente, quieren la humillación de Gustavo Noboa, a quien pretenden ver, según parece, implorando la salvoconducto o atormentado en el encierro domiciliario.
Nadie en Ecuador, menos este Diario, ve con satisfacción que aumente el número de mandatarios asilados en el exterior. Hubiera sido preferible que Noboa se defendiera en el país, ante las acusaciones del ex presidente y diputado ‘ocasional’ León Febres Cordero. Pero hay una politización de la justicia innegable, lo que sirve para las razones que lo llevaron a buscar protección diplomática.
No debemos olvidar que Gustavo Noboa fue un presidente de la República que ostentó esa dignidad con honor, de modo distinto al de otros, a quienes no tiene sentido nombrar ahora, y que disfrutan de exilios dorados, luego de escabullirse por la puerta falsa. Humillarlo a él es humillar a la conciencia democrática de los ecuatorianos de bien.

 
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