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El Universo 16 de Agosto del 2003

En el baúl del auto

Alfonso Oramas Gross

La leyenda de los escapes en el baúl de un auto está asociada, de alguna manera, con hechos reales que pusieron en evidencia la que fue, en un momento determinado, una muy ingeniosa vía de huida que permitía burlar el acecho de los potenciales captores.

Pero hay quienes dicen que han sido las películas de Hollywood las que han inspirado principalmente nuestra febril imaginación al momento de especular las huidas en el baúl de un auto, pues han sido múltiples las películas en las que el héroe o el villano que necesitaba evadir el acecho de sus perseguidores, decidía meterse en el incómodo baúl del automotor con el objetivo de cumplir el ansiado escape. Una de las películas que recuerdo fielmente era protagonizada por Jennifer López, la cual era obligada –en el caso de tal trama– a meterse en el baúl del auto con el prófugo el cual, más allá de la satisfacción propia de la huida, debe haber estado en absoluta complacencia con tan cercana compañía.

Debo suponer, por lo tanto, que parte de la culpa la tienen las películas de Hollywood, ahora que se quiere interpretar las razones del torpe operativo policial realizado en días pasados alrededor del edificio, en uno de cuyos departamentos se encuentra asilado el ex presidente Gustavo Noboa. Como ya se ha discutido, el operativo más allá de ser inoficioso, resultó también patético, especialmente al constatar los graves desacatos de tratados internacionales, simbolizados de manera más gráfica con el intento de revisar al baúl del auto del diplomático dominicano, quien, con razón, mostró su disgusto ante tan equívoca pretensión.

La explicación dada por el Ministro de Gobierno, así como por las autoridades policiales en el sentido de que se trataba de evitar el escape del ex presidente, una vez conocida la resolución de la Primera Sala de la Corte Suprema de Justicia, no responde a la secuencia propia de los hechos, ni menos aún a la dimensión del actor principal de los sucesos, que en este caso se trata de un ex mandatario. Más allá de cualquier conjetura y aun con el desagrado propio surgido ante la petición de asilo realizada por Gustavo Noboa, pues considero que su permanencia en el país hubiese otorgado una interesante muestra de templanza jurídica, ciertamente no me imagino al ex presidente tratando de escapar utilizando tan indigna vía, cuando ya ha sido aceptada su solicitud de asilo político.

Naturalmente, si el Gobierno ecuatoriano decide finalmente conceder el salvoconducto, toda esta historia del baúl del auto quedará como una anécdota más en la simbología de la bobada política ecuatoriana. Por supuesto, otra cosa hubiese sido con J. Lo ahí adentro.

 
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