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Jueves, 21 de Agosto del 2003 Diario El Comercio

Atrevámonos!

Por Carlos Vera Rodríguez

A llenar el vacío dejado por los partidos políticos (¡todos!) y ciertos políticos partidos (¡casi todos!). A reinventar la izquierda. A utilizar la derecha no solo para escribir, comer y golpear: de ese lado provienen hoy las propuestas de cambio levantadas ayer desde el polo opuesto. A participar corporativamente, pues aisladamente nos derrotan, bloquean o intimidan.

A reclamar nuestros derechos sin miedo... ¡o venciendo el miedo! A pensar. A incomodarnos más para liberarnos del todo. A opinar, pero especialmente a discrepar para actuar por mayorías en una sociedad impedida de consensos. A gobernar y no solo a ser gobernados. A pedir cuentas a cada rato. A exigir como mandantes el cumplimiento del mandato otorgado al mandatario. En una frase, a recuperar el control de nuestro destino cedido a otros.

Esa sesión ha fracasado. La reciente experiencia agotó la última oportunidad: probamos ya a quienes nunca se había elegido para administrar el país, pero salieron en estampida, los botaron o se metamorfosearon, para venir 7 meses después, con rebuscadas explicaciones: transición, esperar 10 años más o haber sido traicionados.

Simultáneamente - y paralelamente- el Ecuador constata cómo, desde varias ciudades, el revés se troca en éxito gracias a un factor determinante: el involucramiento de la comunidad en la gestión pública. Guillermo Lasso se arriesgó a presidir la Fundación Terminal Terrestre de Guayaquil, aunque eso le ocasionó amenazas de quebrar su banco si no despide a tres funcionarios cercanos al ex presidente Noboa, colocados allí por méritos y no por mentecatos.

Y resiste. Su organización no es tan frágil para caer ante el primer feroz rumor o las garras insaciables de yermos mercaderes, yermos de vergüenza. Otros ciudadanos de Guayaquil han arriesgado su tranquilidad ante compromisos públicos para rescatar la ciudad: Juan José Vilaseca, Luis Carrera, Marcia Gilbert, Doménica Tabacchi y Roberto Pólit, entre los más conocidos. Los desconocidos, también se atrevieron a participar para transformar. El ejemplo tiene réplica en Manta, Cuenca, Loja, Cotacachi, Bahía, Esmeraldas y Ambato. Surge una avalancha desde la periferia para tomarse el centro y retomar la rectoría nacional en un régimen aparentemente presidencialista pero realmente militarista, con tendencia a militarizar incluso la civilidad.

Se impone una respuesta desde la ciudadanía -como lo invoca Miguel Rivadeneira a diario en Ecuadoradio y en su columna semanal de El Comercio- para articular lo hipotecado por los llamados a representarnos. Eso demanda un líder y una organización.

No cabe esperar las próximas elecciones para concretarlos o peor, la finalización de este larguísimo período gubernamental. Para entonces seremos nación de exiliados. Participación Ciudadana puede tirar la segunda piedra, tras haber lanzado bien la primera. Y cada uno seguir por su casa, cuadra, manzana, barrio, oficina, fábrica, gremio, club o equipo. Poder ciudadano para tomarnos el poder que nos usurparon. ¿Se atreve?

 
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