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Quito, Jueves 25 deSeptiembre de 2003 Diario Hoy

El mismo cuento

Por Carlos Jijón

La suerte está echada. Tal como están las cortes (si la sociedad no logra cambiarlas), el editorialista del diario El Comercio, Rodrigo Fierro, será encontrado culpable por injurias calumniosas y no calumniosas graves en contra del diputado León Febres Cordero, y sentenciado a prisión. No hay vueltas que darle: el proceso terminará indefectiblemente en una de las salas de lo Penal de la Corte Suprema de Justicia. Si cae en la primera, la sentencia debe darse por segura. Si cae en la segunda, aún habría esperanzas, si es que todavía el poder político que domina las cortes no ha logrado cambiar al conjuez Andrade Lara, y logrado recuperar el dominio que también ahí hasta hace poco ostentaban.

Y eso no es imposible. Porque en las últimas horas, los magistrados de la Corte Suprema de Justicia han decidido nombrar a los tres jueces que faltan (uno de los cuales reemplazará al conjuez Andrade Lara en la Segunda Sala de lo Penal) mediante un mecanismo de cooptación con la participación de la sociedad civil. Esto es: que los propios jueces elijan a los magistrados de entre las ternas que propongan distintas entidades ciudadanas. El mismo cuento que nos metieron la vez pasada: el de permitir la participación de la sociedad, pero dejando intacto el poder de elegir a una mayoría dominada por el mismo grupo político.

Porque el quid del asunto no está en la cooptación (que es, por supuesto, el mejor mecanismo), sino en dejar intacta a la mayoría. Ese es el problema. Que los jueces acusados de corrupción no hayan sido investigados, por la misma Corte, según los mecanismos previstos en la ley, y sin que existan todavía indicios de que vayan a serlo. Que sean los mismos jueces, acusados de enriquecimiento ilícito y de someterse a las presiones de sus patrones políticos, los que participen en la designación de los tres magistrados que faltan. Ese es realmente el drama.

En esencia, los magistrados no han resuelto nada: el mecanismo de cooptación ya existía, mientras que la participación de la sociedad civil no significa ninguna garantía real. Ciertamente, el hecho de que se necesiten las dos terceras partes para elegir a un nuevo magistrado; y que el bando que domina la Corte Suprema no tiene los 21 votos indispensables trae un respiro, nada nos garantiza que el empantanamiento en la designación de jueces pueda superarse con rapidez.

a única salida posible (digna, liberadora) es la autodepuración de la Corte Suprema de Justicia. Y que una vez depurados, los jueces sobrevivientes a la purga elijan a los magistrados que faltan. Y que estos no sean solamente candidatizados por entidades de la sociedad civil, sino que los aspirantes sean examinados exhaustivamente por la opinión pública. Al final de todo, en estos momentos hay que estar conscientes de que lo que más importa a los principales actores en juego es el reemplazo del conjuez Andrade Lara en la Segunda Sala de lo Penal. Fue por él por quien empezó esta crisis. Y su reemplazo será a dentelladas.

 

 
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