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Diario El Mercurio Cuenca, Agosto 28 de 2003

Cuando bajen las pasiones

Por Mano Jaramillo Paredes

Conocí a Gustavo Noboa Bejarano hace varios años, cuando desde el rectorado dirigía a una de las más serias universidades del país, como es la Católica de Guayaquil.

De criterio frontal y palabra franca, sus puntos de vista fueron siempre escuchados entre los sectores universitarios.

Fue -desde mi personal perspectiva- y sigue siendo un hombre honesto al que la política que todo mancha entre nosotros le tentó y le arrastró en su vorágine.

Hoy se encuentra fuera del país como resultado de una evidente persecución política y de una insaciable y a veces mal sana sed que tiene el país de ver rodar las cabezas de sus líderes.

La acusación planteada contra él por parte del líder socialcristiano León Pebres Cordero pertenece al campo del debate y es allí en donde algún día deberá resolverse, cuando bajen las pasiones y la objetividad pueda ser mayor. Pebres Cordero -nadie lo duda- es un luchador incansable que no pide ni da tregua en el combate. Criticó y fue criticado por el ex presidente Noboa que sin lugar a dudas cometió un error político al lanzarse a escaramuzas intrascendentes con él. Cuando el uno terminó su mandato y el otro inició su periodo de diputado, las circunstancias y el escenario fueron propicios para el juicio del año. Hasta allí la lucha política estuvo teñida de pasión pero fue una buena lid. De allí en adelante, lamentablemente no puede decirse lo mismo.

La primera intervención como para evidenciar que había persecución fue la de la Agencia de Garantía de Depósitos, la inefable AGD.

Resolvieron sus directivos que el ex presidente podía haber tenido algo que ver con no se qué empresa deudora y. sin más. lanzaron una orden de arraigo. Quedaron bien con el gobierno -siempre necesitado de que alguien distraiga la atención un rato- complacieron al líder socialcristiano y adicionalmente se dieron la teja de que eran tan, pero tan serios en sus procedimientos que podían amenazar hasta a un ex presidente de la república. Todo salió bien, incluida la permanencia en sus cargos, menos la imagen del país. Un nuevo ex presidente aparecía como fugando para evadir los cargos de la temible AGD.

A los pocos días las mismas personas que habían pedido que se impida la salida del país, declararon orondos, que las dudas se habían desvanecido y que el ex presidente nada había tenido que ver con las deudas de no se qué empresa.

Ganaron los adversarios, pero perdió el país cuya imagen internacional sufrió un nuevo y duro golpe.

Vino luego la poco afortunada secuencia de declaraciones, aclaraciones y negaciones por parte tanto del Jefe de Estado como del canciller encargado. Un día decían que no se daría pero tampoco se negaría el salvoconducto. Luego que se tomaría una decisión en no más de dos días. Que el salvoconducto sería resuelto después del próximo viaje presidencial. Que se otorgaría pero en forma condicional, como si en derecho pudiera ponerse condiciones a este tipo de salvoconductos. Es difícil saber por ahora qué ocurrió para que el documento haya demorado más de quince días en salir.

No volví a ver a Gustavo Noboa luego de que asumió la Presidencia, salvo una vez en que conversamos unos pocos minutos. Políticamente nada tuve que ver con su gobierno.

Sin embargo hoy que se encuentra golpeado y perseguido sigo recordando al amigo rector universitario que siempre se ganó el respeto de sus colegas.

 
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