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Diario El Mercurio Septiembre 24 de 2003

Crisis en la Suprema

Por: Lauro López Bustamante

La consulta popular del año de 1995 dispuso que la Corte Suprema de Justicia (CSJ) sea despolitizada, esto es que para su nueva conformación no intervengan los partidos políticos ni los congresistas vinculados a ellos,

como ha sido tradicional, y que los magistrados, a más de cualidades intachables y de probada moralidad, no pertenezcan a tienda política alguna. Para los soñadores, como quien suscribe, la ocasión abría una esperanza de que en esta vez, por fin, ante el imperativo mandato popular, este importantísimo poder del Estado se convertiría en el nuevo espejo de la moralidad, de transparencia y que los ecuatorianos tendríamos en esta vez una CSJ digna de sentirnos orgullosos.

Mas, la mano negra de la política corrupta echó abajo ese sueño. Los honorables diputados presididos por el inefable Dr. Moeller se encargaron de elaborar un reglamento, con el oprobioso sino de "por esta única vez", para conformar la nueva Corte Suprema de Justicia.

La lucha fue cerrada por las cuotas. Los partidos de izquierda y de derecha recurrieron a mecanismo lícitos e ilícitos para colocar sus mejores fichas. El saldo fue parejo:

la derecha encabezada por los social cristianos se aseguraron 15 cupos, en tanto que los partidos de izquierda colocaron 16.

Al final la declaración jubilosa fue que se cumplió con el mandato popular y que ahora si tenemos una Corte Supera despolitizada. Seis años después, los actos y omisiones en que han incurrido los magistrados no corroboran esa declaración. Para muchos el máximo tribunal ha respondido a los intereses de los sectores que les auspiciaron.

La mano de los políticos y las injerencias de sus caciques son denunciadas con regularidad.

El mismo Presidente actual denunció ser objeto de presiones de un líder político a quien no identificó pero que se sabe quien es por la obsesión que secularmente ha demostrado sobre este poder del Estado.

La prensa con lujo de detalles denuncia las reuniones casi a cielo abierto entre políticos y magistrados para tratar asuntos de la Corte.

Las denuncias de actos de corrupción de los magistrados y de pasados oscuros de algunos de ellos salen a la luz pública sin que los implicados exhiban argumentos contundentes para desvirtuarlos. En ese mar picado que se ha forjado, la avidez política actúa sin disimulos y desde el Congreso sin rubor se habla de una nueva Ley Orgánica de la Función Judicial que pretende entronizar a una tendencia política, no sabemos todavía a cuál, pero sin duda será la que más poder de maniobra demuestre

. Al final de la refriega política una nueva Corte emergerá con los mimos prejuicios y estigmas que la actual. Muchos justos y probos magistrados que existen pagarán los platos rotos por los que no lo son y sin merecerlo abandonarán un cargo al que hicieron honor. La política utilitaria ganará una vez más y los monigotes seguirán bailando al compás de los titiriteros.

 
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