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Diario El Mercurio Septiembre 30 de 2003

León: sigo siendo el rey

Por: Marx Carrasco

En la actual democracia occidental, no creo que existe otro país como el nuestro, en el que una sola persona concentre tanto poder. Vivimos en un país en el que todo lo que se diga, calle, haga o deje de hacerse, dependa del prepotente rugido y caprichos del "rey de la jungla salvaje".

A su servicio se someten las instituciones y funciones del Estado, al punto que bien podría exclamar, como en tiempo de las más omnipotentes monarquías: ¡El Estado soy Yo!. Lo que tenemos no es más que un remedo de democracia, de un Estado, que no es social ni de derecho; es el resultado histórico de un proceso de dominación de fuerzas externas, que en contubernio con las oligarquías han excluido de los derechos fundamentales, sociales, económicos, civiles y políticos, a la mayoría poblacional.

Una democracia que se precie de tal, requiere garantizar plenamente, entre otros derechos, la libertad de expresión. El momento que se amordaza o se silencia la palabra y se coarta el pensamiento, nos convertimos en una sociedad sumisa y obediente. El pensamiento, las ciencias, las estrategias de desarrollo humano, se construyen colectivamente, no pueden concebirse como fruto de la inspiración ni imposición de los "predestinados". Los medios de información y comunicación social, sin ser neutrales, no deben convertirse en instrumentos de opresión ni alienación, al servicio de las élites. Tienen que ser pluralistas y contestatarios de la injusticia y la dominación.

La vil sentencia a prisión dictada en contra del científico-libre pensador, Dr. Rodrigo Fierro, prestigioso columnista de "El Comercio", conmueve la conciencia de quienes amamos la libertad de expresión, no como regalo de nadie, sino como condición fundamental para la convivencia humana y la construcción de una auténtica democracia, "con quorum y sin permiso". Un fallo, resultado de una justicia rehén de un poder oligárquico, manda a callar a quien dice una verdad histórica.

¿Por qué, el togado juez no mandó a callar a quien ofendió a "las prostitutas, maricones, patanes y ladrones" que votaron por el candidato que le ganó al cachorro del rey de la jungla?. ¿Por qué la justicia no actuó con tanta diligencia para encarcelar a cómplices y encubridores del atraco bancario, que tuvieron el desparpajo de marchar por las calles de Guayaquil, en defensa de contumaces autores de peculado y robo?.

Claro que hay que poner fin a las injurias y calumnias; pero para ello hace falta inaugurar una sociedad justa en la que los leones no se lleven el sustento de los demás y las ratas se conviertan en una especie en extinción.

 
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