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Diario El Mercurio Mayo 18 de 2005

Castigo sin crimen

Por: : Gustavo Vega Delgado

Gustavo Noboa Bejarano es un perseguido político. Amnistía Internacional debería estudiar su caso pues podría ser incluido en la lista de los presos de conciencia, como lo entiende el Mandato de la Institución Premio Nobel.

Consolidó el prestigio académico de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, cuando Rector de ella. Obra mayor como Vicepresidente Constitucional fue el haberse responsabilizado exitosamente de la reconstrucción de la red vial de la Costa tras los efectos devastadores del Fenómeno del Niño.

Cuando Presidente Constitucional logró sanear el sistema bancario, a excepción de la crisis tardía del Filanbanco. Redujo drásticamente la inflación, dio decoro a las relaciones internacionales y el país creció y se estabilizó. No tuvo responsabilidad en los dolos de Carlos Julio Emmanuel. Su obra estrella: el oleoducto de crudos pesados. Mereció el Doctorado Honoris Causa por las Universidades de la Habana, Madrid, del Pueblo en Beijing y Chile.

La Contraloría General del Estado concluyó que no acusaba a Noboa Bejarano en materia de la negociación de la deuda externa.

La Fiscalía General de la Nación a través de Mariana Yépez, nombró a dos peritos en la materia, quienes concluyeron que no tenía culpa alguna en la negociación de los bonos. Ante la persecución, prefirió solicitar asilo en República Dominicana.

Cuando se duda de la justicia, los afectados tienen derecho al asilo, una de las herramientas más humanas del derecho internacional, consignada desde temprano en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Wagner, Montalvo, Freud, Paderewsky, Trotsky, Einstein, Letelier, entre una legión de perseguidos, buscaron asilo.

Cierto que algunos como Bucarám, se "enancaron" -ese verbo tan ecuatoriano- para colarse a la grupa sin escrúpulos en la majestad de ese derecho. El país no solo que no tuvo justicia confiable durante su vida republicana sino que un solo partido político controla desde hace más de dos décadas los tribunales.

La justicia se volvió arma y espionaje, vendetta, deshonra y "castigo sin crimen" -para jugar con las palabras sobre el título de la obra de Dostoyewsky-. A pesar de la rebelión de los forajidos, la justicia sigue mirando de reojo tras la venda.

Gustavo Noboa no tuvo enriquecimiento ilícito, peculado, ni traición a la patria; pertenece a una tradicional familia porteña en donde el decoro, el servicio, la dignidad, jamás la codicia, fueron sus fuertes morales.

Albert Camus escribió una obra profunda: "El exilio y el reino". Tras la persecución y el exilio, Noboa merece su reino, que es su libertad, risa franca, familia, su tierra de ceibos y palmeras.

El ostracismo, votando con pedazos de ostras el destierro, lo practicaron los griegos hasta con sus héroes. Temístocles, salvador de Atenas ante los medos y persas y ganador de la batalla de Salamina fue uno de ellos. Una nueva justicia, si quiere vacunarse contra los sabuesos, debe archivar la acusación contra Noboa Bejarano.

 
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