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Diario El Mercurio Julio 1 de 2003

C.C.C.C., laAGD y L.F.C.

Por: : Marx Carrasco V.

Hace una década, la Corte Suprema de Justicia, a través de su Presidente, juzgó como gastos indebidos aquellos realizados por el ex-Presidente León Febrescordero para contratar los servicios del famoso Ram Gazit. Desde entonces, el doctor Ramiro Larrea Santos quedó en la mira del Ingeniero. Hasta Rodrigo Borja Cevallos recibió la gracia del perdón del gran felino.

Al ex primer Magistrado de la Corte se suman Dahik, los hermanos Noboa (Gustavo y Ricardo), Gloria y Jorge Gallardo, Enrique Ayala y a última hora se agrega el nombre del economista Jorge Rodríguez Torres, representante de los colegios profesionales ante la Comisión Cívica de Control de la Corrupción. Entre las instituciones y personas que, por méritos propios, se mantienen como reserva política y moral del país constan la CCCC y la doctora Wilma Salgado.

Cuando toda esperanza parecía esfumarse entre escándalo y escándalo, la presencia del alto organismo de control ciudadano y de la AGD permiten recuperar la fe en el futuro. Las 2 entidades están conformadas y presididas por personas de intachable conducta, que no se deben a los círculos de poder económico, ni están prestos a flaquear por presiones o tentaciones de ningún tipo.

Lamentable -o ventajosamente- algunos líderes que, por defender a banqueros corruptos desfilaron por las calles de la capital aduanera, flameando la bandera del regionalismo, hoy pretenden echar tierra sobre las acciones de la CCCC y la AGD. Se ha dicho que Ramiro Larrea y Wilma Salgado llevan los pantalones bien puestos. También hay otritos, muy bravucones, que dicen llevarlos.

No se trata solamente de pantalones; se trata de las actitudes morales y éticas que es, justamente, lo que falta a muchos que visten de vaquero, montan a caballo y llevan pistola automática al cinto.

Cumplida la misión en la CCCC y la AGD, pensaría que las cortes y las aduanas esperan a los 2 honorables ecuatorianos. Las cortes, aún rehenes, de algún partido político, y las aduanas, pueden enderezarse con la presencia de Ramiro Larrea y Wilma Salgado.

Recuperar la justicia -si alguna vez la tuvimos- garantizar la seguridad jurídica y cobrar los aranceles e impuestos aduaneros como la ley manda constituye un imperativo nacional. Para ello se necesitan personas incorruptibles. Estamos constatando que sí las hay. Para encontrarlos, no necesariamente hay que pedir consejos a LFC. Mas bien, muchas veces hay que hacer todo lo contrario de lo que le dicta su corazón de piedra.

 
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