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Diario Hoy Quito, Agosto 2 de 2003

Persecutor y perseguido

Por: : Alexandra Ayala Marín

Mientras usted y yo, que somos parte de la ciudadanía preocupada por el presente y el futuro del país, nos sentimos como sin respiro frente a nuestro peculiar acontecer político, el ex presidente de hasta hace 15 años seguramente maldice porque ve esfumarse su objetivo de mandar a la cárcel al ex presidente de hasta hace seis meses; y este, mondo y lirondo, aparece en los balcones de su residencia circunstancial, saludando y declarando a gritos, a reporteros de TV, que les avisará cuando se vaya, ¡como si el asilo político demandado fuera un evento social!

Mientras usted y yo concebimos el pasado como un referente para entender las situaciones y los protagonistas actuales, no podemos dejar de pensar que entre estos dos actores hay, más que divergencias políticas, una situación de encono que hace poner en duda las razones que León Pebres Cordero argumentó en su denuncia sobre la renegociación de la deuda externa durante el gobierno de Gustavo Noboa; encono que viene, al parecer, desde que el hermano menor, Ricardo Noboa, se separó de los socialcristianos por el famoso "pacto de la regalada gana", así calificado por Abdalá Bucaram antes de que fuera presidente.

Sí, así se relacionan hechos y personajes políticos, entre los cuales también median pasiones, más egoístas que altruistas.

Es que, por más que proteste el ingeniero ex presidente cuando buena parte de la opinión pública dice que su denuncia espectacular ante el Congreso estuvo guiada por su afán de venganza contra quien lo llamó, alguna vez, "Don Corleone" y "Olafo el amargado", con su afirmación posterior de que lo perseguirá 'como perro con hambre', volvió visceral su denuncia, la deslegitimó y permitió lucubrar sobre los motivos.

Con esa expresión, que sin duda alude al carácter pasional de Pebres Cordero, no se puede dejar de pensar en el desquite más que en la razón política de defender intereses nacionales.

Además, la rapidez inusitada con la que actuó la Fiscal de la Nación para dar curso a la denuncia, y las presiones denunciadas por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, apoyan el criterio de que este ex presidente mueve los hilos de las funciones Legislativa y Judicial casi a su antojo.

Pero lo que motivó directamente la demanda de asilo político presentada ante República Dominicana por Gustavo Noboa, de acuerdo con sus abogados, fue la orden de arraigo dictada por la AGD debido a que él debe responder por la utilización de $ 1 800 millones de fondos de la Agencia.

Más allá de si la AGD tiene o no fuero para ordenar el arraigo, aquí hay un hecho concreto, si se compara con una posible 'mala negociación' de la deuda externa, base de la acusación de Pebres Cordero. Pero ahora tenemos a dos ex presidentes en disputa. El uno, como persecutor visceral, y el otro, como víctima inocente que recurre a medidas, también espectaculares, para evitar respuestas, no a la Justicia sino a la ciudadanía, la que siempre está en medio de los fuegos cruzados que suelen lanzarse los protagonistas de nuestra sin igual democracia.

 
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