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Noboa fraguó su asilo el 25 de julio en Guayaquil

(El Comercio) (2/Agosto/2003)

El destino del ex Presidente aún es incierto. Pese a que República Dominicana aceptó otorgarle asilo político, este aún no está en firme. Falta la comunicación de ese país en ese sentido. La idea de pedir asilo se organizó en su residencia en Palmar, en Guayaquil. Aunque Gustavo Noboa no era partidario de esa opción, finalmente la escogió "para evitar la persecución de León Febres Cordero".

Redacción Guayaquil.

"¿Noboa al Penal García Moreno?¿Quién garantiza que no se vaya a violar el pedido de arresto domiciliario?". El frío cálculo de su equipo jurídico lo atemorizó. Frunció su rostro pálido, arqueó las encanecidas cejas y caminó como siempre, con las manos posadas en su frágil espalda por la dolencia discal de su columna.

Gustavo Noboa Bejarano estaba triste y se resistía a la idea. A punto de cumplir 66 años (agosto de 1937) no aceptaba arrancar raíces y armar maletas. Su hermano Ernesto Noboa, sus abogados, Galo García y Joffre Campaña, y su leal vocero, Óscar Zuloaga supieron entonces que iba a ser difícil convencerlo de irse.

Era la mañana del 25 de julio. Guayaquil celebraba sus 466 años de fundación española, mientras el ex Presidente desfallecía en su casa, al pie del río Guayas, en la lujosa urbanización Palmar del Río, vía Samborondón.

Noboa estaba sumido en la impotencia, mientras en el Municipio, su mayor opositor, León Febres-Cordero, confirmaba el acercamiento del Partido Social Cristiano (PSC) con el Gobierno de Lucio Gutiérrez. El ex Mandatario había pasado una semana de agotadoras jornadas de trabajo. En la casa que la familia Noboa-Baquerizo alquiló en Palmar, en el 2002, se fraguó la estrategia. Allí se estudiaron todas las posibles salidas jurídicas para librar la batalla política con el líder máximo del PSC, el diputado Febres-Cordero.

"La fiscal Mariana Yépez es allegada al PSC. Armando Bermeo dio paso a la apelación de la funcionaria. El caso iba a caer en una de las dos salas de la Corte Suprema de Justicia. Los hilos socialcristianos estaban en todos lados", cuenta un allegado al grupo íntimo del ex Presidente. Eso diluyó la última carta legal que había entonces: el arresto domiciliario.

Al mediodía del 25, la opción era el asilo político. Noboa se resistió. "¡No, yo no voy a huir, no quiero salir corriendo!", reprochaba a sus colaboradores. Una semana antes, en un canal de televisión, había prometido quedarse en el país para enfrentar el proceso penal instaurado en su contra.

Fuera del despacho, Isabel Baquerizo, su esposa, lo esperaba. Él la buscaría para tomar la decisión final. Ella siempre ha sido su última palabra. Los cuatro colaboradores abandonaron Palmar...

Guayaquil estaba de fiesta y ensordecían los juegos pirotécnicos, mientras Noboa armaba sus valijas. Temprano, el sábado 26, tomó una avioneta privada rumbo a Quito.

Su hijo, Pablo, le despidió y heredó una parte de la posible persecución política de la cual el catedrático se declaró víctima. Ahora enfrenta un lío con la AGD. En Palmar quedó María Isabel con su hija mayor, Isabel. No contestaban el teléfono y el martes viajó a la capital para encontrarse con su esposo, quien recién ese día llegó a las 10:30 al edificio El Escorial, donde todavía permanece.

El domingo 27, a las 05:00, Zuloaga y Campaña salieron de un hotel, en el norte quiteño, hacia el aeropuerto Mariscal Sucre. El ex Secretario de Comunicación llenó la Tarjeta Andina y con Campaña se dirigieron a Migración. Pidieron al sargento de guardia que colaborase para que el "presidente Noboa no haga cola y pase por VIP, pues viajará a Miami".

Según el equipo legal fueron tras la causa principal que iba a justificar el pedido de asilo. Si no lo dejaban salir era porque había persecución.

Casi a las 11:00 comprobaron sus presunciones. Entonces fueron a la residencia de un diplomático -no de República Dominicana- donde se alojó Noboa hasta el lunes.

Allí redactaron la carta para el embajador Norman Ferreira, de República Dominicana.

Hubo un intenso trajín el lunes 28. Se grabó el vídeo, en el cual Noboa se dirigió al país "para denunciar la implacable persecución de la que soy objeto y que me obliga a solicitar asilo político al Embajador de República Dominicana".

El miércoles, Noboa respiró tranquilo. Había logrado que su amigo, el presidente de ese país, Hipólito Mejía, anunciaba que le concedía asilo.

Todavía no estaba preocupado por su destino, sino por su hijo Pablo. Esa noche, no dejó de hablar al celular con su abogado Campaña. Tampoco se despegó de los noticieros.

Se lo escuchaba molesto por el celular. Hablaba fuerte y se revelaba desesperado por sacar del lío a su hijo. Por eso desde Quito organizaba las acciones para empezar la defensa del joven.

El ex Jefe de Estado sintiéndose protegido por el asilo político, el jueves por la tarde, se asomó a la ventana del departamento en donde se encontraba. Desde ese lugar, en el octavo piso, saludó con la mano derecha a los representantes de los medios de comunicación que hacían guardia.

Sin embargo, la decisión del Gobierno dominicano no estaba en firme, porque no la había comunicado oficialmente al Ecuador. Por tanto, sigue a la espera del salvoconducto para salir del país.

 
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