Regresar

Leyes buenas, jueces malos

Diario Hoy Quito, Septiembre 19 de 2003

 

En Ecuador hay varias leyes que se acatan pero no se cumplen, empezando por la propia constitución.

Tal es el caso de la independencia de la Función Judicial consagrada en el Art. 199 de la Ley Fundamental, violada desde la integración misma de la Corte Suprema y de los demás Tribunales y Juzgados, porque unos jueces fueron nombrados por "política" y no por sus méritos, como sí lo fueron otros.

Los primeros son los corruptos de quienes el país, asqueado, sufre las consecuencias. Los segundos son los profesionales que honran el derecho. Lo mismo ocurre con las normas de orden público que garantizan la seguridad de los ciudadanos, como las que tipifican como delito portar armas sin permiso, incumplida al punto de que un sujeto 'maluko', en una urbanización privada de Samborondón (Guayas), en cobarde impromptu, cometió la infracción de abalear al inofensivo perro del vecino porque le ladraba, de seguro con toda razón.

No importó al mataperro que el indefenso animal fuera el mejor amigo del hombre (no de él) y que estos hechos ya no se den ni en el desierto más salvaje, pues Ecuador es el país donde lo imposible es lo probable.

De qué sirven leyes buenas con jueces malos, que evaden impuestos, si en actitud harto más grave, ya obedeciendo a los patrones, ya recibiendo unos cuantos dólares y pico, dictan fallos írritos burlando derechos sustanciales de las personas y, por supuesto, las reglas procesales; o utilizan la libertad y el patrimonio de las partes sometidas a juicio, para extorsionarlas. Y más grave aún, que haya llegado al Tribunal Supremo un condenado quien, aparte de ser un obsecuente servidor, no tiene calidad profesional ni moral para 'juzgar' a nadie.

Resolver una causa cometiendo una injusticia a sabiendas es tan grave como cuando el cura viola los votos del sacerdocio y actúa contra lo que predica; o como cuando el médico dilata inmoralmente el tratamiento del enfermo.

Y las aberraciones en la administración de justicia ni son nuevas ni se dan exclusivamente en nuestro medio. Por ello, Cervantes dijo: "Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia".

De manera que cualquier reestructuración de la Función Judicial, siempre a la cola del Presupuesto del Estado, debe empezar por explicar a ciertos jueces -no a todos- que la administración de justicia no es el camino para solucionar sus ambiciones económicas; que tampoco debe ser para que regresen los bucaneros o ir de Guatemala a Guatepeor, y que es un servicio cívico que no convierte al titular en funcionario inmune y todo poderoso, de lo que funge una fiscal.

Contra estos la sociedad se rebela a través de los medios de comunicación serios y con Azcárate, hoy concluye en que: "Un pueblo puede vivir con leyes injustas, pero es imposible que viva con Tribunales que no administren bien y pronto la justicia".

 
Subir
 
© Copyright 2006 - 2010 Gustavo Noboa Bejarano. Prohibida su copia total o parcial | Lea las Condiciones de uso BACKUPTI.com